París
- El Diario de Chloe

- 10 sept 2023
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 1 ene
Fui a París por primera vez cuando tenía diez años. Entonces era solo una niña y no sabía que estaba viviendo lo que muchos niños desearían. La ciudad me atravesó sin que yo fuera del todo consciente, pero algo quedó guardado.
Años después quise volver, buscando revivir aquella experiencia, esta vez acompañada de alguien importante en mi vida. Sin embargo, ese deseo terminó convirtiéndose en mi primer viaje sola.
No fue un viaje fácil. A nivel emocional y mental fue un reto muy complicado. La idea de viajar sola me daba pánico, pero fue precisamente en París donde descubrí algo inesperado: me encantaba estar sola, perderme, escucharme.
París fue inspirador cuando tenía diez años, y lo fue de nuevo al volver. Regresé distinta, más fuerte, con una mirada nueva. Y desde entonces, viajar ya nunca volvió a ser lo mismo.
Si te apetece recorrer París con calma, tengo preparado el itinerario completo de mi viaje al final.

Día 1 · Volver a París
Empecé París rodeada de arte en el Museo de Orsay, un lugar que se disfruta tanto por dentro como por el edificio en sí. Después, caminar hasta la Torre Eiffel fue uno de esos momentos inevitables y nostálgicos, como pasear por los Campos de Marte mientras comía un pastelito de chocolate de Aux Merveilleux de Fred, sentada en un banquito.
Más tarde, fui hacia la Plaza del Trocadero y me asomé al Palais de Tokyo, un lugar que me resultó muy curioso. El día terminó recorriendo los Campos Elíseos al atardecer, pudiendo ver de cerca el Arco del Triunfo.

Día 2 · El París más bohemio
Quise empezar por Montmartre, con el Sagrado Corazón vigilando la ciudad desde lo alto. Me perdí por sus calles, descubrí el Muro de los Te Amo y fachadas cubiertas de flores que parecían sacadas de una película por toda la ciudad de París. Más tarde, fui a Le Marais y me conquistó con su mezcla perfecta de historia y vida local. El ambiente lo sentí diferente y especial frente a otros distritos del centro. Después de almorzar, fui al Moulin Rouge, un lugar que me emociona muchísimo, pues es ahí el lugar donde se inspiró mi película favorita: Moulin Rouge!.

Día 3 · Historia y jardines
Este día empezó en el Panteón, siguió por la delicadeza de La Sainte-Chapelle y un paseo tranquilo por la Île de la Cité mientras llovía, sin faltar Notre Dame. Los Jardines de Luxemburgo fueron una pausa necesaria antes de continuar hacia las Tullerías.

La tarde se llenó de momentos más bonitos: viendo el Templo de la Madeleine, adentrándome en Galeries Lafayette, y visitando el interior de la Ópera Garnier y terminando por la Plaza Vendôme. Descubrí joyas como la Galería Vivienne, el Palacio Real y sus jardines, y terminé rodeada de arte en el Grand Palais, el Museo de Bellas Artes de la Ville de Paris y el Museo Dior, que fue sin duda un gran descubriento. Un museo lleno, no solo de vestidos de Dior, sino también lleno de amor, color y arte.

Día 4 · Volver a ser niña
Madrugué para ir Disneyland París. Sentí mucha nostalgia, colas cortas, desfiles llenos de color, música, sonrisas y muchos personajes de Disney. Fui muy feliz ese día. Un paréntesis mágico dentro del viaje, de esos que se disfrutan sin pensar demasiado. El hecho de ir sola ayuda a que las colas sean más rapidas, ya que en la mayoría de las atracciones hay dos colas: una para entrar acompañado y otra si vas solo. Lo bueno, pude repetir muchísimas atracciones y volver a vivir una de las que más me marcó cuando estuve por primera vez allí: El mundo es un pañuelo y su canción que me lleva a mi niñez.

Día 5 · Un hermosa despedida
El último día empezó tranquilo en Parc Monceau, ideal para conocer algo diferente y en poquito tiempo. Siguiendo la ruta, pude ver la Torre de Saint-Jacques, también conocida como La Torre de Santiago, es uno de esos lugares de París que pasan desapercibidos y, sin embargo, guardan mucha historia. Es lo único que se conserva de la antigua iglesia de Saint-Jacques-la-Boucherie, demolida durante la Revolución Francesa.
Después, el contraste moderno del Centro Pompidou y uno de mis puentes favoritos, Bir-Hakeim, donde muy cerca puedes encontrar la Estatua de la Libertad. Cerré el viaje en el Museo del Louvre, caminando entre historia, arte y la sensación inevitable de que París siempre se queda un poco contigo.

Lugares donde comer
Eric Kayser: Aquí hacen los mejores croassanes de París
Aux Merveilleux de Fred: Aquí hacen unos dulces riquísimos, sobre todo de chcolate.
La Penela: En cada viaje, siempre deseo comer una tortilla española. Este es el lugar perfecto.
Mobster Diner. Donde hacen una hamburguesas ricas pero no jugosas para mi gusto.
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