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Londres

  • Foto del escritor: El Diario de Chloe
    El Diario de Chloe
  • 25 jun 2025
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 1 ene

Cuando era pequeña vi Peter Pan y quedé completamente anonadada por aquel reloj alto y majestuoso que se alzaba en una ciudad marcada por la guerra. Desde entonces, Londres se convirtió en un sueño pendiente. Años después, ese sueño se hizo realidad y, de alguna manera, Londres terminó siendo mi segundo viaje en solitario. Cumplir sueños tiene algo profundamente mágico.


Londres es una ciudad hecha para caminar. Va mucho más allá de sus lugares icónicos: es historia, es carácter y es magia en los pequeños detalles. Lo que más disfruté fue recorrerla a pie, utilizando la guagua únicamente cuando las distancias eran demasiado largas. Así pude empaparme de la ciudad, observarla con calma y sentirla de verdad.


Viajar en junio fue todo un acierto. El día comienza muy temprano, alrededor de las cinco de la mañana, y eso me permitió aprovechar al máximo las horas de luz y estirar cada jornada sin prisas.


Londres destaca por su gastronomía tan diversa como rica, por la convivencia constante entre edificios históricos y arquitectura moderna, y por ese contraste tan característico que tanto me impactó: fachadas antiguas flanqueadas por estructuras acristaladas y vanguardistas, dialogando entre el pasado y el futuro.


Este fue mi segundo viaje sola y en todo momento me sentí segura, algo fundamental cuando se viaja sin compañía y que hizo que la experiencia fuera aún más especial.


Si prefieres una versión más práctica del viaje, aquí te dejo mi itinerario real, con rutas, transporte y los lugares donde comí.


Ciudad de Londres
Ciudad de Londres


  1. Aeropuerto


Es importante tener en cuenta que Londres cuenta con varios aeropuertos, todos ellos alejados del centro de la ciudad. En mi caso, aterricé en Stansted y me trasladé al centro en National Express, una opción cómoda y práctica. En su mapa de rutas puedes consultar todas las paradas disponibles y elegir la más cercana a tu alojamiento.


Un punto muy positivo de este servicio es que, aunque tu vuelo se retrase y no llegues a la hora prevista, te permiten subir antes o después del horario indicado en tu billete, así que no debes preocuparte si hay cambios.




  1. Alojamiento


Me hospedé en la zona de Paddington, muy cerca de la estación de tren, concretamente en Sussex Gardens. Es una calle preciosa, tranquila y muy bien ubicada. El alojamiento incluía desayuno y quedarme en esa zona fue todo un acierto: cómoda, segura y perfecta para empezar y terminar el día con calma.




  1. Itinerario


DÍA 1 | Londres, por fin


Mi primer día en Londres comenzó de la mejor manera posible: caminando. Decidí ir desde el hotel hasta el Museo Nacional de Historia, y en el camino aproveché para atravesar Hyde Park. La paz que transmite ese lugar es algo difícil de describir; fue profundamente reconfortante y, sin duda, uno de esos espacios que se quedan contigo. Lo adoré. Continuando el paseo, me encontré con el Royal Albert Hall, un lugar que se encontraba de camino, anticipando todo lo que ese día tenía reservado.


Al llegar al museo, entré por Exhibition Road, una elección que tomé intencionadamente para comenzar el recorrido. Nada más empezar, me enamoré de la exposición de minerales: perfectamente organizada, meticulosa y cuidada hasta el último detalle. Fui descendiendo planta por planta, descubriendo espacios maravillosos, hasta llegar a su cafetería y al gran hall, un lugar realmente imponente, majestuoso y precioso. Me gustó muchísimo.



Después visité el V&A Museum & Cafe, cada zona del museo logró sorprenderme. Hay una planta donde predominan las obras realizadas en hierro, que me impresionó especialmente. Las áreas dedicadas a las esculturas, los colores de muchas estancias y el contraste con el tono original de cada obra crean una atmósfera única y muy bien pensada. Todo me pareció simplemente maravilloso.


Y, por supuesto, estaba la razón principal de mi visita: la réplica del David de Miguel Ángel. Cuando estuve en Florencia decidí no entrar al museo donde se encuentra la escultura original, pero aquí surgió la oportunidad de ver una réplica exacta y no dudé en aprovecharla. Fue un momento muy especial. Si visitas este museo, te recomiendo pasar por su cafetería: es absolutamente divina.


Al salir, puedes hacer una parada en Philippe Conticini para disfrutar de un croissant parisino. Conocí esta pastelería en París y es famosa por el tamaño exuberante de sus cruasanes. Después me acerqué a Thin House, una casa súper estrecha, monísima y muy curiosa.


Scotland Place (SW1)
Scotland Place (SW1)

Por la tarde continué recorriendo la ciudad: vi ell Buckingham Palace, St. James’s Park, la Abadía de Westminster, el Big Ben y el London Eye. También visité un lugar muy especial para mi, dado que soy fan de Harry Potter: una localización relacionada con el Ministerio de Magia, en Scotland Place (SW1), y también South African High Commission, cuya fachada recuerda muchísimo a la fachada del Banco de Gringotts.


El paseo siguió por Trafalgar Square, The Royal Arcade —un lugar precioso—, Leicester Square y Piccadilly Circus. Si te gustan los bombones de chocolate Lindt, no puedes perderte el Lindt Flagship Store Piccadilly, una auténtica tentación. Pude ver la fachada de Moulin Rouge! The Musical; me planteé entrar, pero decidí no hacerlo. Para mí, las versiones originales siempre son insuperables y nadie podrá reemplazar las voces de Nicole Kidman y Ewan McGregor.


También visité el Apple Store de Regent Street; si vienes desde España, aquí tienes la oportunidad de probar las Vision Pro, ya que no se venden allí. Liberty London fue otra de mis paradas favoritas: un edificio lleno de encanto, con estructura de madera que parece el interior de un antiguo barco. Precioso.


Para terminar el día, paseé por Carnaby Street, Chinatown, el Palace Theatre, Covent Garden, el Royal Ballet and Opera—con una fachada realmente bonita—, Neal’s Yard y Outernet, donde suelen tener exposiciones temporales muy dinámicas y visualmente impresionantes.


Un primer día intenso, mágico y lleno de descubrimientos. Londres, sin duda, ya había empezado a conquistarme.




DÍA 2 | Una ciudad llena de historia


El segundo día en Londres comenzó con una visita imprescindible: el Museo Británico. De forma casual, empecé el recorrido por la historia de Egipto, y sin duda fue mi parte favorita. Caminar entre momias, esculturas y jeroglíficos es como viajar en el tiempo; cada sala transmite la grandeza y el misterio de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia.


Al salir del museo, me dirigí hacia St. Pancras, un hotel que por sí solo ya merece la visita. Cerca de allí se encuentra el famoso Rainbow Tunnel de King’s Cross, un lugar muy fotogénico y lleno de color. Después está King’s Cross, donde no podía faltar la parada obligatoria en el Andén 9¾, el mítico punto de partida hacia Hogwarts para los fans de Harry Potter. Un detalle curioso es que la fachada de la estación corresponde al hotel St. Pancras, mientras que King’s Cross representa el interior de la estación que vemos en las películas.


Continué el día visitando The Royal Exchange, un edificio elegante y majestuoso que hoy alberga tiendas y restaurantes en un entorno histórico espectacular. Desde allí me acerqué a Horizon 22, uno de los miradores más altos de Londres, desde donde se obtienen vistas impresionantes del skyline de la ciudad. Yo no pude subir, a pesar de tener reserva, me quedé prendada de muchas cosas en Londres y siempre llegaba tras el cierre.


Leadenhall Market
Leadenhall Market

El recorrido siguió por Leadenhall Market, uno de los mercados más bonitos de Londres, con su estructura victoriana y su ambiente tan especial. Muy cerca se encuentra St. Dunstan in the East, una antigua iglesia en ruinas convertida en jardín, un lugar sorprendentemente tranquilo y lleno de encanto en medio de la ciudad. Ese lugar me ofreció una tranquilidad fuera del bullicio de la ciudad. A pesar de ser una ciudad tranquila, ofrece mucho movimiento y esa iglesia me dio mucha paz. Es un lugar con mucho encanto, es mágico. Si volviera a Londres, no me importaria visitar de nuevo.


Crucé el Millennium Bridge, con vistas directas a la Catedral de San Pablo, una de las imágenes más conocidas de Londres. Ver la catedral y admirar su cúpula es una experiencia que impone y emociona a partes iguales.


Para terminar el día, puedes visitar el Barbican Conservatory, un oasis urbano inesperado. Este invernadero, escondido entre edificios de estilo brutalista, está lleno de vegetación exuberante y ofrece un contraste maravilloso con el entorno urbano. Aunque me resultó imposible conseguir una entrada, es un lugar que merece la pena si tienes la oportunidad de conseguirla.




DÍA 3 | Volver a ser niña


El tercer día estuvo marcado por la magia. Comencé con un tour de Harry Potter contratado a través de GetYourGuide, ya que viajaba sola. Harry Potter fue parte de mi infancia y adolescencia; leí cada libro y recuerdo ir con mi padre el día del lanzamiento desde la cuarta entrega. Fue una experiencia muy emocionante, volví a ser una niña pequeña.



Después del tour puedes ir a Canary Wharf, la cara más moderna de Londres: empezar por Crossrail Roof Gardens y seguir por North Dock, One Canada Square, Cabot Square, Jubilee Park, Eden Dock y Crossrail Tunnel Adams Place Bridge.


Yo decidí volver al centro y dedicar el día a comer y descansar. Supe ese día que volvería a Londres, y que Canary Wharf podía esperar.



DÍA 4 | Aquellos jardines olvidados


El cuarto día comenzó de forma tranquila en Holland Park, uno de los parques más bonitos de la ciudad. El Kyoto Garden es un oasis perfecto. Allí terminé un libro de Elizabeth Clapés, disfrutando de la lectura en plena naturaleza.


Holland Park
Holland Park

Después visité Harrods. Aunque no compré nada, recorrerlo es una experiencia en sí misma. La zona inspirada en Egipto, bajo un cielo estrellado, es simplemente sublime.


Para cerrar el viaje, fui a Mercato Mayfair, una iglesia reconvertida en mercado gastronómico. El espacio es espectacular y, además, en la entrada venden artículos muy peculiares y bonitos.


Jamás imaginé que Londres sería una ciudad a la que quisiera volver, pero fue mucho más que una suma de lugares conocidos. La esencia que desprende es única. Creo que me enamoré de sus calles, de sus costumbres tan peculiares y de su gastronomía. Volvería a Londres para saborearla de nuevo, para observarla con calma otra vez y para descubrir los rincones y ciudades que la rodean. Londres es mucho más que una ciudad: es vida.





  1. Lugares donde comer


    Para comer:

    Bizarro, Poppies & Chips, Honest Burgers, Taj Mahal Indian Cuisine, Franco Manca, Supernova, Pane Cunzato, Broken Eggs.


    Para merendar:

    Krispy Kreme, Lola’s Cupcakes, Bun House, Ben’s Cookies, No.79 Coffee & Mousse, Crème.











 
 
 

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